El síndrome del acuario viejo [PT 1] – Aprende a identificarlo

Es muy conocido el llamado “síndrome del acuario nuevo” cuando recién montamos un acuario. Este es el principal responsable de que, si no hacemos las cosas bien, debido a la inmadurez del sistema al comienzo se genere una catástrofe ambiental que no permita la vida de nuestros primeros inquilinos en el interior del acuario ni la estabilidad de sus parámetros.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando un acuario en sus comienzos funcionaba perfectamente y tras unos años de estabilidad comienza a decaer? Esto es a lo que se conoce como “síndrome del acuario viejo” y es de lo que vamos a hablar en este artículo.

EL SÍNDROME DEL ACUARIO VIEJO

Por desgracia esto es algo bastante habitual en acuarios con varios años de funcionamiento. Bonitos acuarios que se podían considerar “acuarios modelo” comienzan su declive paulatino ante nuestro desconcierto y preocupación. ¿Qué es lo que está pasando? Pues que la naturaleza siempre será más fuerte que la voluntad humana, y que en un pequeño sistema artificial como el que creamos nosotros en nuestro acuario, no vamos a poder mantener siempre las mismas condiciones de estabilidad que tiene el medio natural, o al menos no sin un titánico esfuerzo de por medio.

Los síntomas de que nuestro acuario está sufriendo este síndrome, y lo que nos debería poner en alerta y manos a la obra, son los siguientes:

  • Pérdida de aspecto vibrante en nuestros peces y/o corales.
  • Nuestros corales no extienden sus pólipos tanto como de costumbre, o paran su crecimiento.
  • Ocasionalmente podemos encontrar corales blanqueados en determinadas zonas o incluso completamente muertos.
  • Los peces no se muestran tan vivaces y presentan menos interés por la comida.
  • Nos cuesta mantener mucho más los niveles de nutrientes bajos.
  • Nos cuesta mantener mucho más los niveles de KH y pH.
  • Es más frecuente la aparición de algas e incluso el riesgo de plaga.

Claro está que todo esto debe valorarse en conjunto, pues muchos de estos síntomas por separado pueden deberse a otros problemas puntuales relacionados con otras causas ajenas a este “síndrome”. No obstante, si vemos que esta es la tendencia de nuestro acuario, debemos estar alerta. Principalmente, eso ocurre por las siguientes causas, que son interesante conocer para posteriormente poder prevenir:

Crecimiento de peces y corales

Al comienzo de un acuario todo es nuevo. Normalmente se introducen pequeños esquejes de coral y peces jóvenes en su mejor y más vivaz etapa. Es lógico pues que en estas primeras etapas podamos notar más el crecimiento de nuestros corales y el crecimiento de nuestros peces, pudiendo tener la percepción de que todo está yendo a las mil maravillas.

A medida que nuestros peces y corales crecen, van demandando más recursos y generando más desechos. Mientras que en un acuario sano esto no debería dar problemas de amoniaco y nitritos, sí que produce un aumento de otros nutrientes como fosfatos y nitratos, dándonos la percepción de que cada vez se nos hace más tedioso mantenerlos bajos, sin darnos cuenta de que se debe al propio crecimiento de nuestra población y que por lo tanto debemos incrementar la eficiencia de filtración y limpieza para combatirlo.

Competencia de corales

Con el crecimiento coralino, además se presentan otros problemas. Muchos corales en su guerra por espacio y recursos, liberan determinados compuestos tóxicos para sus congéneres – sobre todo las variedades de corales blandos – que inhiben el crecimiento. Quien haya mantenido alguna vez un acuario de arrecife podrá coincidir en que uno de los problemas de mantener bien a los corales es la falta de espacio cuando estos van creciendo y la necesidad de “podar” y evitar “peleas” entre ellos. Pues esto, inevitablemente, tenderá a pasar en acuarios bien establecidos, y es una de las causas por las que piezas de coral que parecían espléndidas y sanas, comienzan a parar su crecimiento y desarrollo y empiezan a decaer.

Acumulación de desechos

Esta es la tendencia general en cualquier sistema cerrado y por lo tanto en cualquier acuario. Debemos ser conscientes de que en un acuario siempre se generarán y acumularán desechos, y por ello necesitamos una buena rutina de mantenimiento y una buena filtración. Sin embargo, lo que más debemos entender es que este nivel de desechos irá incrementándose paulatinamente, a medida que la población de nuestro acuario madura y crece (no solo peces y corales, sino toda la microfauna asociada que no vemos), por lo tanto, nuestra rutina de mantenimiento y filtración también necesitaremos incrementarla con el tiempo, si no queremos experimentar esa acumulación asociada de, por ejemplo, nitratos y fosfatos.

Otra causa de esta acumulación de desechos suele ser la pérdida de eficiencia de algunos equipamientos dentro del acuario, por ejemplo, filtros y bombas. Con el tema de los filtros, es bien sabido que un mal mantenimiento de estos puede hacer que se acumule peligrosamente la suciedad y aumente el nivel de nutrientes indeseados, pero además un mal mantenimiento de sus componentes como rotores o esponjas, puede desembocar en un mal rendimiento filtrante. Por otro lado, el tema de las bombas de agua es algo que suele pasar desapercibido muchas veces, pero que es igual de importante, y es que con el tiempo, y si se realiza un mal mantenimiento, este tipo de equipamiento puede verse colapsado por algas coralinas u otro tipo, que disminuyen la velocidad o incluso pueden llegar a frenar los rotores, comprometiendo peligrosamente el caudal y la circulación del acuario, provocando una acumulación peligrosa de detritos en determinadas zonas y un aumento de los desechos.

Pérdida de biodiversidad

La microfauna presente en el sustrato y rocas es esencial para mantener una buena oxigenación de esas zonas del acuario y evitar acumulaciones peligrosas de desechos, contribuyendo al reciclado de la materia. Con el tiempo debido a la depredación por parte de los peces o a las condiciones desfavorables para su correcta reproducción, se puede ir perdiendo microfauna si nosotros no la reponemos periódicamente, y con ello se puede ir perdiendo capacidad de reciclado de desechos y consecuente acumulación de los mismos.

Uno de los motivos de parte de pérdida de microfauna es por la obstrucción de los poros y huecos de las rocas con detritos. Estos poros y huecos que antes sustentaban la vida de comunidades distintas de pequeños “bichitos”, al quedar taponados con materia particulada que no se limpia correctamente, ahora quedan taponados impidiendo la proliferación de estos y contribuyendo a la pérdida de diversidad en el acuario.

Disminución de KH y pH

Esto también es algo normal y la tendencia general en el sistema marino. Por la acción biológica se van generando determinados ácidos que van consumiendo las reservas de alcalinidad, y de la misma forma determinados organismos como corales también consumen dichas reservas para construir sus esqueletos calcáreos. Está claro que en nuestras manos está reponer periódicamente esta reserva. Sin embargo, a medida que el acuario va “envejeciendo” mantener la alcalinidad puede costar cada vez más, y esto está relacionado con los puntos anteriores, el aumento en la acumulación de desechos. Este aumento de desechos genera un proceso llamado “eutrofización”, donde debido al aumento de nutrientes en el medio también proliferan los consumidores de esos nutrientes, desencadenando una serie de problemas de consumo de recursos. En nuestro caso esta bajada de alcalinidad más de lo normal se debe también al aumento paulatino de comunidad bacteriana, fitoplancton y múltiples microorganismos más que van proliferando en el acuario y que además de nutrientes como fosfatos y nitratos, también consumen o provocan la precipitación de carbonato debido a sus procesos bioquímicos, haciendo que las reservas de alcalinidad bajen.

Bajada de rendimiento del equipamiento

En un acuario nuevo, todo el equipamiento normalmente es nuevo y funciona a las mil maravillas. Sin embargo, en el mantenimiento rutinario del acuario no sólo entran los cambios de agua y la limpieza de sustrato, rocas y cristales. Hay un aspecto de vital importancia que es el mantenimiento del equipamiento como filtros, bombas, termostatos y muy importante, la luz.

Respecto al mantenimiento de filtros y bombas, ya hemos nombrado la importancia de llevarlo a cabo, pues de no ser así se corre el riesgo de una gran acumulación de suciedad. Sin embargo, respecto al mantenimiento de la luz no suele hacerse hincapié, cuando realmente es un factor vital. Dependiendo del tipo de iluminación que se tenga en el acuario (fluorescente, tipo LED, incandescente, etc.) se deberán tener en cuenta una serie de precauciones y consideraciones.

Es sabido que los tubos fluorescentes como los famosos T5, suelen tener una vida útil limitada, y a lo largo del tiempo van perdiendo espectro lumínico, variando la cantidad y el tipo de luz que emiten y con ello haciendo estragos en el crecimiento coralino y posible proliferación de determinadas plagas, como por ejemplo cianobacterias. Estos problemas se reducen considerablemente con una iluminación LED, la cual tiene una vida útil mucho mayor y no presenta problemas de decadencia de luz y cambio de espectro. Sin embargo, se debe tener en cuenta el mantenimiento rutinario de estos tipos de pantallas, al igual que cualquier otro equipamiento. Por ejemplo, se deben limpiar periódicamente ya que, debido a la evaporación y salpicaduras, se puede ir depositando sal en ellas, disminuyendo el rendimiento de posibles ventiladores, en caso de tenerlos, y más importante, impidiendo el correcto paso de la luz a través de sus bombillas.

Pérdida de interés o “acomodamiento”

Realmente este es el factor más determinante en el “síndrome del acuario viejo”, ya que es el principal detonante de la mayoría de los anteriores.

Aunque no siempre ocurre, es algo muy frecuente en la mayoría de los casos. A medida que va pasando tiempo, vamos adquiriendo más soltura y práctica en el mantenimiento de nuestro acuario, y lo que al comienzo se traducía en mediciones de parámetros prácticamente todos los días, cambios de agua a rajatabla y limpiezas concienzudas con el afán de controlar minuciosamente todo, con el tiempo se traduce en un pensamiento de “bah, ya sé cómo se comportan los parámetros en mi acuario, hoy no le voy a hacer test” unido a “bueno, hoy no tengo ganas de hacer un cambio de agua, todavía puede aguantar unos días más”. Este acomodamiento y bajada del “estado de alerta” hace que poco a poco, las condiciones químicas de nuestro acuario vayan variando y se vayan acumulando las tareas rutinarias, hasta llegar a un punto en el que se cambie la dinámica inicial del sistema.

Como ya hemos dicho, esta dejadez, al fin y al cabo, es la que provoca muchas de las causas anteriormente citadas como la acumulación de suciedad, la disminución del rendimiento del equipamiento y la consecuente pérdida de biodiversidad y bajada de alcalinidad.

Dicho esto, la mayor conclusión que podemos sacar de este tema es que el principal enemigo en la estabilidad de nuestro acuario no es el tiempo, sino nosotros y nuestra bajada de rendimiento, que se traduce en una larga cadena de consecuencias naturales y artificiales que terminan arrastrando al acuario a un estado, muchas veces, con mucha dificultad de retorno.

Por todo esto, siempre es mejor prevenir que curar, y en el siguiente artículo dentro de este mismo número (Síndrome del acuario viejo – Soluciones), explicamos las actuaciones que podrían salvarnos de este común síndrome.

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