El mar caribe

Hasta hace unos cuantos años el Mar Caribe era la única zona geográfica fuera del Indo-Pacífico que exportaba de modo significativo peces marinos para acuario. Hoy no es la única, pero continúa siendo un proveedor importante del comercio ornamental para acuariofilia.

En este primer artículo específico sobre las principales áreas geográficas del mundo de interés como origen de las especies marinas que se comercializan para acuario, tratamos el Mar Caribe. Como decíamos en el artículo anterior, el Océano Atlántico es mucho menos exportador de peces para acuario que el área Indo-Pacífica, pero aun así la zona atlántica tropical ha mantenido siempre cuotas exportadoras procedentes del Caribe. Es decir, que una parte minoritaria, pero significativa, de los peces que se vienen pescando desde hace décadas para acuario proceden del Mar Caribe.

Aunque es innegable que desde hace algo más de una década las exportaciones atlánticas van cogiendo más cuota de mercado, lo hacen básicamente por la aparición y crecimiento de nuevos exportadores que suman a las cifras procedentes del Caribe. Ya en el año 2005 se reconocían en el Atlántico Occidental tropical hasta 16 países con pesquerías de exportación; especialmente Brasil, considerado ya entonces un potente proveedor de peces marinos (Bruckner, 2005). Datos más actuales confirman la tendencia (Lango et al., 2012). Pero el Mar Caribe tiene aún en la actualidad asentado un pequeño, pero no despreciable, porcentaje del comercio mundial de especies ornamentales marinas.

Como hemos dicho, el comercio de peces para acuario representa una importante industria emergente a nivel de exportación en esta región goegráfica atlántica. Hasta tal punto que los expertos están solicitando la ordenación de las pesquerías ornamentales, mediante la elaboración y aplicación de planes y legislaciones eficaces basadas en estudios científicos y toma de datos reales. El fin es lograr una pesca ornamental sostenible que sea recurso económico para la población local, sin poner en peligro la supervivencia de los peces pescados.

Según datos de Bruckner (2005) los peces de acuario más importantes procedentes del Caribe son varias especies de peces ángel marinos, dos de caballitos de mar, el gramma real, el pez mandíbula, el pez ballesta real, el blenio de labios rojos, la damisela azul y dos lábridos, el de bandas amarillas y de dos bandas. De todos hablamos a lo largo de este artículo, pero siempre teniendo en mente que dar datos fiables en este tema es muy difícil, sino imposible.

Por ejemplo en el trabajo de  Rhyne  y colaboradores (2015) que publican sobre la procedencia de los peces que se importan como ornamentales, ya comentan que los datos sobre procedencia son más sólidos que los elaborados a partir de identificación de especies o número de ejemplares importados, pero a la vez reconocen deficiencias significativas, citando una concreta: generalmente las pesquerías caribeñas no reportan datos a la Global Marine Aquarium Database (https://www.unep-wcmc.org/marine/GMAD/).

Ubicación geográfica

El Mar Caribe, también denominado Mar de las Antillas, es un mar abierto tropical del Hemisferio Occidental ubicado al este de América Central y norte de América del Sur, es decir en lo que podría denominarse Océano Atlántico Occidental Tropical, que comprende Mar Caribe, Golfo de México y costas de Sudamérica. El Mar Caribe, según datos de la International Hydrographic Organization (https://www.iho.int/srv1/index.php?lang=en) y de FishBase (http://www.fishbase.org/trophiceco/EcosysRef.php?ve_code=145&sp=), limita al norte con las llamadas Antillas Mayores (Cuba, Haití, República Dominicana y Puerto Rico), al este con las Antillas Menores, al oeste con México, Belice, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica y al sur con Panamá, Colombia y Venezuela; siendo éste último el país con mayor extensión tanto costera como de aguas territoriales. Es uno de los mares más grandes del mundo: con una superficie estimada muy superior a dos millones y medio de kilómetros cuadrados se considera generalmente el segundo más grande.

Peces representativos

Mencionamos siempre peces cuya distribución natural incluye el Mar Caribe, con el objeto de ofrecer al lector un abanico de posibilidades para que él elija según gusto y necesidades de su instalación. Y se debe tener en cuenta que pueden ser especies endémicas caribeñas o exclusivas de una zona más amplia que el propio Mar Caribe, circunstancia habitual como por ejemplo sucede en aquellas que cuya distribución abarca todo el Atlántico Occidental tropical, incluyendo además el Golfo de México y costas centro y sudamericanas hasta aguas brasileñas. Pero también pueden incluirse especies en las que simplemente el Mar Caribe es simplemente una parte más de una distribución geográfica todavía más amplia.

Otro tema diferente, que puede generar confusión entre los aficionados, es que los grandes distribuidores o mayoristas de peces marinos para acuario con sede en lo que podría denominarse zona caribeña, como es el caso de Florida, pueden ofertar en sus listas de exportación especies propias del Caribe pero también otras de otras zonas geográficas. Es decir que venden peces caribeños y no caribeños.

Obviamente dar un número exacto de las especies de peces que pueblan un área geográfica concreta es tarea poco menos que imposible, sin embargo, y para dar una idea del orden de magnitud que permita comparar con las entregas posteriores de esta serie de artículos, diremos que, según datos de Fishbase (www.fishbase.org), están censadas en aguas del Mar Caribe 1579 especies de peces. Es igualmente obvio que sólo una péqueña parte de ellas tienen interés como peces de acuario. Vamos a echar un vistazo a los principales grupos de peces de interés ornamental, pero antes queremos aclarar que, a pesar de que ahora se puede encontrar en aguas caribeñas, no mencionaremos a los peces escorpión Pterois volitans y Pterois miles, pues el Caribe no es su distribución natural y su presencia se debe a un proceso de especie invasora en el que se ha relacionado a la acuariofilia, pero que no tratamos aquí.

Desde luego una instalación caribeña no va a contener una gran diversidad de peces mariposa (Chaetodontidae) y peces cirujano (Acanthuridae). No son el fuerte de esta zona. Las opciones son pocas y con poca o nula presencia en el mercado ornamental.

En los primeros unas pocas especies del género Chaetodon: C. sedentarius, C. striatus,  C. ocellatus y, sobre todo, C. capistratus, el pez mariposa de cuatro ojos, exclusivo de esta zona geográfica y la especie más común en el Caribe de pez mariposa. En los segundos, otras dos especies atlánticas desconocidas en acuariofilia, Acanthurus tractus y Acanthurus chirurgus, además de Acanthurus coeruleus, el pez cirujano azul caribeño, la única con cierta repercusión acuarística. Sin olvidar que es una especie grande, con 39 cm de talla máxima y 25 cm de talla media.

Los blenios (familia Bleniidae) tampoco son muy abundantes en esta área goegráfica, pero al menos una especie es de gran interés ornamental para colaborar en las labores de control de algas. Se trata del blenio de labios rojos (Ophioblennius atlanticus), que vive a ambos lados del Océano Atlántico, incluyendo el Caribe. Con 19 cm de longitud máxima, es un pez interesante y no complicado de mantener en acuarios con peces e incluso invertebrados, si se tiene en cuenta que es territorial y que, si no consigue algas en el acuario, puede recurrir ocasionalmente a buscarlas en los tejidos de corales y tridacnas.

Pero hay familias habituales en acuariofilia que sí cuentan con representación en el Mar Caribe, más o menos numerosa según cada caso, y más de una especie interesante para acuario. Un ejemplo es la familia Grammatidae, cuya distribución se reduce al Atlántico Occidental tropical. Contiene el género Gramma con algunos de los peces más emblemáticos del Caribe, como el pez hada o gramma real (G. loreto)  y el gramma violeta o de gorro negro (G. melacara). Otra especie, G. linki, es mucho menos comercializada. Son peces pequeños y de colorido espectacular, robustos en cautividad, muy comercializados para acuarios de aficionado y factibles de mantener en urnas de arrecife y de conjunto, si no tienen que convivir con otros especímenes del mismo sexo e igual o similar especie. El gramma real se puede criar en cautividad y actualmente se está haciendo a nivel comercial en los Estados Unidos.

Entre los meros caribeños (familia Serranidae) hay tres especies del género Serranus de interés para acuario: el mero tabaco (S. tabacarius), que mide entre 16 y 22 cm; el mero arlequín (S. tigrinus), que no sobrepasa los 29 cm; y el mero tiza (S. tortugarum), que con 8 cm de longitud máxima se ajusta a urnas de menos de 100 litros. Con tallas muy moderadas para ser meros, resultan adecuados para una instalación caribeña de peces que no necesariamente debe ser muy voluminosa, pero sí bien diseñada en cuanto a sus compañeros de acuario. No hay que olvidar que son carnívoros de peces y pequeños invertebrados. El mero tiza es de los pocos meros que pueden mantenerse en urnas de arrecife de volumen estándar, eso sí, sin gambas pequeñas.

Dentro de la misma familia Serranidae, en el Caribe y áreas geográficas adjuntas se pueden encontrar endemismos del género Liopropoma muy apreciados en acuariofilia por sus libreas espectaculares, buena compatibilidad con invertebrados y talla reducida (9-13 cm), que en algunas especies permite su mantenimiento en nanoacuarios. La realidad en que en nuestro país no son muy frecuentes y cuando aparecen lo hacen tienen precios muy elevados. El más popular es el denominado pez guardia suizo, L. rubre, pero también aparecen otras especies caribeñas menos conocidas como L. carmabi, L. eukrines o L. mowbrayi. Todos son peces territoriales.

Pero si algo debe tener un acuario caribeño son los denominados gobios limpiadores, que cuentan con muchas especies endémicas del Caribe y zonas atlánticas adyacentes. Si bien los gobios (Familia Gobiidae) como familia no están muy representados, este grupo concreto sí. Además son muy demandados por los aficionados, gracias a su reducido tamaño (generalmente 2-5 cm) y a que presentan libreas llamativas y comportamientos interesantes. En libertad son peces limpiadores, actuando sobre la piel de otros peces y eliminan los ectoparásitos que encuentran sobre ésta. Esta actividad, muy beneficiosa para la salud del pez al que limpian, también se produce en cautividad y puede ser aprovechada. Aunque es cierto que son menos eficientes que los lábridos, el otro gran grupo de peces limpiadores, hay que destacar que varios gobios pueden cooperar en las labores de limpieza simultáneamente sobre el mismo pez y, por tanto, compensan en parte esa teórica desventaja.

La clasificación de estos gobios sufrió una revisión profunda que aún no ha calado totalmente entre los aficionados, que aún usan el nombre de Gobiosoma, que no es válido para la mayoría de las especies de interés acuariófilo, consideradas hoy pertenecientes a los géneros Tigrigobius y Elacatinus. Entre las especies más comercializadas de gobio limpiador están el de banda verde (T. multifasciatum), el de nariz amarilla (E. randalli), el de nariz de tiburón (E. evelynae), el de Genie (E. genie), el del coral (E. illecebrosus), el de puntos luminosos (E. louisae), el de bandas anchas (E. prochilos) y, el más popular, el neón (E. oceanops). Se debe destacar que varias de estas ya se comercializan individuos criados en cautividad. Todos son adecuados para nanoacuarios y acuarios reef, pues son totalmente compatibles con invertebrados. En otros tipos de gobios no hay en cambio demasiada representación caribeña.

Es cierto que los peces ángel marinos (familia Pomacanthidae) no están tan bien representados en el Caribe como en otras zonas geográficas, pero aun así contienen especies de gran interés ornamental. Una de los dos únicos peces ángeles enanos caribeños, Centropyge argi, es muy popular en acuariofilia, conocida como querubín, se ha reproducido en cautividad y se puede mantener en urnas de 100-120 litros. La otra especie, Centropyge aurantonotus, requiere mínimo 200 litros y es menos comercializada. Ambas pertenecen a los denominados peces ángel pigmeos, por no superar los 8 cm de longitud, y son de los pocos miembros de la familia en los que puede plantearse su mantenimiento en urnas de arrecife con una relativa seguridad. C. argi, que presenta la aleta caudal azulada, se confunde a menudo con el pez ángel africano enano (C. acanthops), que la tiene amarillo transparente.

En peces ángel de mayor envergadura encontramos dos especies del género Pomacanthus, el pez ángel gris (P. arcuatus) y el pez ángel francés (P. paru), que de juvenil se confunden con frecuencia. No son raras en comercio minorista, aunque por talla son mucho más adecuadas para instalaciones públicas que particulares, especialmente la primera que ronda los 60 dm de adulto. Ambas, según datos de Moe (1975) se han criado en cautividad. Pero quizás los peces ángeles más espectaculares sean las tres especies del género Holacanthus: los peces ángel azul (H. bermudensis), reina (H. ciliaris) y tricolor o belleza del coral (H. tricolor). Sin embargo, aunque no son difíciles de adquirir, la realidad es que se adaptan mal a la cautividad y son especialmente sensibles al transporte. Ninguna debería ser adquirida por particulares.

En una familia tan popular entre los aficionados al acuario marino, como son los pomacéntridos (Pomacentridae), sólo podemos encontrar unas cuantas especies caribeñas de peces damisela; eso sí una está entre los peces más exportados del Caribe: la damisela azul, Chromis cyanea. La damisela sargento mayor, Abudefduf saxatilis, también es habitual en comercio, pero mucho menos posiblemente por razones de tamaño al requerir instalaciones más voluminosas. Existen algunas otras especies, pero menos exportadas, de los géneros Chromis y Steagastes. Un acuario caribeño de peces puede contener alguna de estas duras y combativas especies, si se maneja adecuadamente su territorialidad y agresividad. Son muy robustas en acuario, recomendables incluso para aquellos que no tienen mucha experiencia

Otra familia muy amplia, como son los lábridos (Labridae), también están representada por pocos géneros en el Caribe. Del género Halichoeres hay aproximadamente una docena de especies caribeñas, pero sólo una es comercializada con cierta asiduidad: el lábrido de bandas amarillas (H. radiatus). Eso sí, a niveles importantes. Aun así, como alcanza tallas cercanas a los 50 cm, sólo es recomendable para acuarios públicos o de capacidad muy grande. Los otros lábridos caribeños son tres especies conocidas en acuariofilia. Las dos del género Bodianus, los peces cerdo cubano (B. pulchellus) y español (B. rufus), son robustas en cautividad, pero voraces, territoriales y de tamaño excesivo para instalaciones particulares. El labrido de dos bandas, Thalassoma bifasciatum, algo más pequeño y como los anteriores igualmente incompatible en urnas de arrecife, también está entre los peces caribeños más exportados.

Dentro del orden de los Tetraodontiformes hay algunos representantes caribeños que pueden ser objeto de interés en acuariofilia marina. Entre los peces ballesta (familia Balistidae), además del pez ballesta real (Balistes vetula), el más exportado de todos, se pueden citar especies comercializadas con mayor o menor frecuencia y resistentes en acuario, aunque con tallas reales de 25 a 60 cm, como por ejemplo el pez ballesta negro (Melichthys niger), el oceánico (Canthidermis sufflamen) y el de los sargazos (Xanthichthys ringens). Entre los peces erizo o puercoespín (familia Diodontidae), también hay especies de los géneros Chilomycterus y Diodon cuya distribución incluye el Mar Caribe, es el caso de los peces erizo reticulado (C. antillarum), brida (C. antennatus) y rayado (C. schoepfi); así como los peces puercoespín (D. holocanthus) y erizo común (D. hystrix). Algunas de ellas, especialmente las dos últimas, se ofrecen regularmente en las listas de exportación; aunque sin duda no son peces recomendables a aficionados, sino más bien a instalaciones públicas. Sobra decir que todos los tetraodontiformes son incompatibles con invertebrados y se deben mantener con especies igualmente robustas y de igual talla.

Los denominados roncadores (familia Sciaenidae), son sin duda más fáciles de encontrar en acuarios públicos que en instalaciones particulares, aunque cierta presencia ocasional tienen en el comercio minorista. Y quizás sea mejor así, porque no son precisamente peces recomendables para aficionados. En el Caribe se pueden encontrar 5 especies, de las que según Moe (1992) tres han sido criadas en cautividad: Equetus lanceolatus, Pareques acuminatus y Equetus punctatus.

Entre los apogones o peces cardenal marinos (familia Apogonidae) hay numerosas especies con origen caribeño del género Apogon, incluyendo endemismos. En ambientes acuariófilos son conocidos el apogón barrado (A. binotatus), el de mejilla aserrada (A. quadrisquamatus) y, sobre todo, el flama (A. maculatus), que son adecuados para urnas de conjunto y de arrecife con reservas, pues son compatibles con invertebrados con la excepción de crustáceos de pequeña talla, que pueden ser contemplados como posibles presas. También puede encajar en un acuario geográfico caribeño comunitario o de arrecife el pez dardo brasileño, Ptereleotris randalli, de la familia Microdesmidae. Una especie tranquila y de talla media, poco comercializada si se compara con otras de su género de diferente origen geográfico.

Tres posibilidades bien diferentes para poblar un acuario caribeño específico son las siguientes: El pez sapo de los sargazos (Histrio histrio), de la familia Antennariidae, es prácticamente cosmopolita en aguas tropicales y subtropicales y presenta un aspecto tan curioso que suele tener buena demanda por parte de los aficionados. Es un depredador voraz, especialmente de peces y crustáceos, de unos 20 cm máximo,  que puede perfectamente ser el protagonista de una insta lación específica. Otra posibilidad, más fácil de adquirir, es el pez mandíbula de cabeza amarilla (Opistognathus aurifrons), endémico de esta zona geográfica. Estando de acuerdo en que los peces mandíbula (familia Opistognathidae) son muy poco habituales en acuariofilia, es innegable que esta especie en concreto es frecuente en el comercio minorista y muy exportada. Su comportamiento resulta muy interesante por excavar una galería prácticamente vertical, en la que se entierra y de la cual sale en contadas ocasiones. Territorial frente a otros ejemplares de su misma especie, se ha criado comercialmente en Estados Unidos.

La tercera son los caballitos de mar (Hippocampus spp.) de la familia Syngnathidae. Siempre son atractivos para el aficionado, pero su cuidado requiere experiencia y dedicación que no todo el mundo dispone; además están protegidos por el convenio CITES, que regula el comercio internacional de especies para evitar y prevenir que afecten a su conservación en la naturaleza. Esto significa que hay cupos de exportación y todos los ejemplares deben llevar documentación CITES. Afortunadamente, de dos especies caribeñas de caballitos de mar se comercializan ejemplares criados en cautividad, por lo que no suponen ningún peligro para su supervivencia. Es el caso del caballito de mar de nariz larga, Hippocampus reidi, y el rayado, Hippocampus erectus, de los que incluso se ofertan variedades cromáticas (https://www.orafarm.com/products/fish/seahorses/).

Y si lo que se busca son especies grandes para instalaciones solamente con peces, una buena opción pueden ser los peces ardilla y soldado (familia Holocentridae), siempre teniendo en cuenta su carácter depredador y las restricciones de luminosidad.  Entre las especies que viven en el Caribe, hay unas cuantas de los géneros Myripristis y Holocentrus que son robustos en acuario y se comercializan ocasionalmente; como por ejemplo el pez soldado de escamas grandes (M. jacobus) y los peces ardilla de espina larga (H. rufus) y de Adcension (H. adscensionis). Este último crece mucho, hasta 60 cm, pero los otros se quedan en tallas de 20-30 cm. En cualquier caso necesitan urnas voluminosas y no demasiado iluminadas. También pueden convivir con invertebrados que no formen parte de su dieta, básicamente crustáceos decápodos de tamaño pequeño-medio.

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